Centro de Negocios Ganaderos

Retorno a la Tierra para reencontrarse

El llamado: Cuando la ciudad deja de ser hogar

Un día en el 2010 me di cuenta de que era una extranjera en la ciudad, cumplía con sus ritmos y consumía sus promesas, pero mi espíritu pertenecía al monte.

Lo que siguió fue un salto sin paracaídas. Algunos lo llamaron imprudencia; yo prefiero llamarlo “locura cuerda”. Tenía frente a mí la oportunidad de un pequeño terreno: un lienzo de árboles, insectos, agua propia y una casa en obra gris que pedía a gritos ser terminada. Movida por el instinto de una crianza consciente, tomé la decisión sin esperar consensos. Los niños eran muy pequeños para oponerse y mi esposo, en un gesto de respeto profundo, decidió abrazar mi visión. En aquel entonces él trabajaba lejos, pero al ver la chispa de felicidad en nuestros rostros, decidió dejar el traje de ejecutivo para aprender el lenguaje de la producción de alimentos. Para él fue un cambio estructural; para mí, una promesa cumplida a mi niña interior.

Romantizar vs. Habitar: La realidad del cambio

Hoy, tras una pandemia que nos hizo cuestionar la salud mental en las grandes urbes, romantizar la vida de campo se ha vuelto tendencia. Sin embargo, hay una brecha enorme entre visitar el campo y pertenecer a él. El proceso de adaptación es, ante todo, un ejercicio de humildad: aprender a habitar el entorno sin invadirlo.

En estos 15 años aprendimos que la armonía no es ausencia de conflicto, sino saber convivir. Aprendimos a respetar el paso de los animales silvestres y a cuidar de los domésticos. Nos enfrentamos al reto de evitar la dependencia de la ciudad sin que nuestros hijos se sintieran aislados o frustrados. Vivimos —y superamos— apagones prolongados, brechas de seguridad, tormentas que sacuden hasta los cimientos y esa pérdida de conexión física y virtual que, en el siglo XXI, se siente como un vacío de oxígeno.

El nido que no se vacía, sino que se expande

Uno de mis mayores temores era el futuro de los chicos. ¿Nos perdonarían el habernos alejado del “ruido” del mundo? Hoy, la respuesta llega cada fin de semana. Aunque ya son grandes y tienen sus propias vidas, regresan al monte por elección. Cambiamos las rutinas de consumo por las de observación.

Mirando hacia atrás, confirmo que la mejor decisión de mi vida fue mudarnos cuando aún éramos jóvenes. Veo con nostalgia y empatía a muchas personas que intentan construir este sueño ahora que los hijos han volado, cuando el cuerpo ya no tiene la misma energía para lidiar con el barro o la maleza. A ellos quiero decirles: nunca es tarde, pero el camino requiere guía.

Un puente para los que vienen detrás

Mi aventura no termina en la satisfacción personal. Al observar cómo se deteriora la calidad de vida en las ciudades, siento la responsabilidad de ayudar a otros en esta transición. Mi paraíso no es solo para mí; es una prueba de que se puede retornar a la tierra de forma sostenible, equilibrada y funcional.

Si estás pensando en dar el salto, quiero que sepas que el campo te quita las comodidades automáticas, pero te devuelve el sentido de la existencia. Estoy aquí para ayudarte a que tu transición no sea un choque, sino un reencuentro. Es hora de volver a casa, a la verdadera casa: la tierra.

Disney Baquero 

@cnganaderos

Consultoría para la transición

www.asesoriacng.com

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